Hace algunos años se conocieron en algún bar de mediana categoría dos sujetos que escribirían una breve pero memorable historia de… ¿Amor?
El sujeto No. 1 (al cual llamaremos K) se encontraba con su grupo de amigos; hablando del clima, de posiciones sexuales y del galán que había conocido unas semanas antes y que más adelante se conocería en la trama como “El Gran Amor de Su Vida” (y del cual se hablará en algún otro post).
Algunos minutos más tarde, el sujeto No. 2 (al cual llamaremos M) entró al recinto con un par de amigos algo mayorcitos; un hombre y una mujer que parecían ser pareja (más adelante se supo que eran amantes… pero esto no viene al caso
). El punto es que M y compañía no parecían ser citadinos; pues aquel sombrero, las botas y el pantalón vaquero dejaban transpirar un aroma a provincia que no era tan común de oler en aquel lugar…
Por azares del destino; cuando K se percató de la ausencia de M, volteó a la mesa vecina con la sonrisa idiota que lo caracterizaba, la mujer madura respondió invitándolo a sentarse para compartir el brindis que los traía a la ciudad: M había roto su compromiso matrimonial unos días atrás.
Más tarde, llego M y fue presentado a K. Mentiría si digo que se detuvieron las agujas del reloj, mucho menos que se escuchó de fondo alguna canción romántica italiana; más bien por algún segundo, K sintió que estaba siendo parte de un reality show de bajo presupuesto o de algún experimento tipo Aldous Huxley.
Acto seguido, la madura y el amante siguieron con su sesión de besos exhibicionistas dejando a los otros de lado, platicando un poco. De ahí vinieron las preguntas, los tragos y las confesiones de un hombre de (casi) 30…
[Tal vez le correspondería a M contar su historia, pero como es posible que no se vuelva a saber de él, he pedido permiso a K para contarla]…
Vivía en un pequeño pueblo en el Estado de Guanajuato, tenía 28 años, era el menor de 5 hermanos y sus padres habían muerto algunos meses atrás. Tenía 6 años de noviazgo con una mujer de esas que casi cualquier hombre quiere: guapa, sumisa, educada en provincia, maestra de preescolar y perfilando para buena ama de casa; era perfecta, de no ser por el pequeño detalle de tener como consanguíneo a un joven confundido y desenfrenado que comenzó una extraña amistad con M, tiempo atrás.
De ahí partió la historia (y la madre a la pobre mujer)…
Tenía so
lo unos meses que se había fijado la fecha de las nupcias, pero con la muerte de los padres, vinieron muchos pensamientos sobre el futuro, la familia y la relación amorosa con la provinciana joven, pues desde varios meses antes empezó a tener confusión respecto a los sentimientos por el hermano confundido; el cual cada que podía lo incitaba a abrazarse de manera “irrespetuosa” entre cuñados. Por lo que decidió darse un tiempo para determinar qué era lo que sentía por cada uno.
Solo tomó algunas semanas y varias horas de sesiones con un psicoanalista para darse cuenta que en realidad estaba enamorado del hermano y lo que sentía por la joven solo era cariño, por lo que concluyó que el plan de boda eran más bien alentado por los padres; pero ya sin ellos, el significado del mismo era otro: Apariencias y meras apariencias…
Darse cuenta de aquello, fue un shock; pues vivir en un pequeño pueblo y tener el destino trazado por las costumbres familiares no eran precisamente alicientes para aquel descubrimiento sentimental; sin embargo desafió a su gente, a la prometida y al hermano confundido, entonces un buen día con algunos grados de alcohol encima, fue a declarar su amor al joven… La respuesta: negación, rechazo, odio y amenazas de muerte por parte de la familia de la susodicha joven.
Después de aquel viacrucis, decidió seguir con su vida en el mismo pueblo y hacer caso omiso a cualquier comentario que de él se dijera; luego vino la explicación a la ex-prometida, la cual solo asintió diciendo que lo sabía desde antes, pero prefirió seguir con los planes de boda para protegerlo de los comentarios mal intencionados de la gente de aquel viejo pueblo.
Algunas semanas después, su mejor amiga le dijo que era buena idea salir de ahí por unos días y nada mejor que la Ciudad de México para despejar la mente (según la amiga)…
Y así sucedió, de esa forma fue como llego a la vida de K.
¿La historia? Es breve. Después de escuchar estupefacto las vivencias del apuesto joven, K sintió más confianza y empezó a platicar de manera fluida; un par de horas más tarde se ofreció como guía de turistas. Solo fue a despedir a los amigos y decidió pasar la noche de bar en bar, mostrando las maravillas y el “amplio criterio” que abundaba en la ciudad. Después, cuando se acercaba el amanecer se despidió para regresar a casa, dejando teléfono y promesas de mantenerse en contacto; apenas camino unos pasos y M llamo para decirle que lo invitaba a quedarse en su hotel (después se supo que los amigos fungieron el papel de Cupido). K sin pensarlo demasiado, regresó y paso la noche con él… Pero hasta ahí no sucedió nada, ni un beso… No tenía porque suceder (Fuck! Relatando esto, me siento como la anciana del Titanic).
Unas horas más tarde, llego la despedida…
K regresó a casa con muchos sentimientos pensamientos encontrados; dada a su estúpida autoestima pensó que era imposible que alguien así se fijará en él, creyó que solo había sido un sueño y que nunca volvería a verlo; además unas semanas antes acababa de conocer a la persona “perfecta” y algo le decía que con él viviría la historia de amor más hermosa (Ajá si, como no!)
Entre aquellos pensamientos, lo despertó una llamada; era M diciendo que sus amigos se habían marchado y que decidió quedarse un par de días más para que el juego del “Guía de Turistas” continuara. K no podía creerlo, sintió emoción y correspondencia a un sentimiento (¿?), por primera vez…
Solo llego a casa a bañarse y ponerse “guapo”. Un par de horas más tarde, cuando estaba por llegar al punto de encuentro; notó a lo lejos la silueta del cowboy y le sonrío, al llegar a él; este simplemente lo abrazó y lo besó (En esta escena fue donde se escuchó la canción romántica italiana).
El público circundante se quedó absorto por un momento, a K y M les importó poco y caminaron por horas tomados de la mano; visitaron alguno que otro lugar, fueron a comer y al final llego la hora de ir a descansar para ver más tarde a los amigos de K (a aquellos que dejo la noche anterior como espectadores del inicio de Brokeback City).
Lo que sucedió en aquella recamara del hotel, no tendría caso contarlo. El hecho es que K por primera vez sintió que sus fracasos amorosos anteriores ya no tenían peso y dejo llevarse por la emoción y los besos de aquel joven que parecía que nunca en su vida había besado a alguien (después se supo que la novia nunca entregó el “tesorito” porque era una promesa para la noche de bodas; por eso mismo, la inexperiencia de M).
Así paso un día más hasta que llego el momento de despedirse, todo concluyó con un último e interminable beso y con la promesa de seguirse viendo.
Es cierto que la experiencia de K respecto al amor era casi nula, pero lamentablemente se portó como un verdadero patán, pues algunos días después comenzó a salir con el flamante y futuro “Gran Amor de su Vida”, por lo que fue haciendo a un lado lo que empezaba a sentir por M, poniendo como pretexto la distancia que los separaba.
Algunos meses más tarde, M llamó a K para decirle que aquel fin de semana volvería a la ciudad y que ya tenía un plan para que pudieran estar juntos: mudarse a la capital y buscar una nueva vida por aquí. K como buen idiota, inventó que tendría los días ocupados y en efecto, ese fin de semana se quedaría en la casa del otro y por fin le declararía su amor…
M siguió buscando a K por algunos meses más, al no ver respuesta dejó de insistir. K siguió con su historia falsa de amor Shakesperiano hasta que un día se dio cuenta que era solo eso, una farsa. Luego vinieron las lágrimas, posteriormente el desenfreno “justificado” por la decepción; más tarde, la ruina y la indiferencia hacía todo y todos.
Ahora K vive retirado de aquellos males conocidos como amor; algunas veces, cuando cae en cuenta de lo que llego a sentir en apenas 3 días, le da por querer tomar las maletas e ir en busca del cowboy; otras, prefiere no saber si en verdad aquello era amor y decíde dejarlo como un buen recuerdo que algún día le contará a sus sobrinos-nietos.
De M no se supo más, tal vez murió en manos del progenitor de la joven provinciana, o tal vez fue obligado a casarse y ahora tiene una familia “feliz” acompañada de algunos engendritos a los que deben de vestir como el hermoso padre.
O quizá encontró a alguien que en verdad supo corresponderlo y es feliz en alguna parte de la república o en su mismo pueblo; tal vez, nunca se sabrá…